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lunes, 13 de octubre de 2008

Un espacio en construcción…


“Todos sabemos algo,

todos ignoramos algo,

por eso aprendemos siempre”

Paulo Freire

La Juntada es un espacio en el que confluimos estudiantes independientes y cuatro agrupaciones: Colectivo de Izquierda, Plan B, Prisma y Un solo grito.

Quienes participamos de La Juntada tenemos un montón de ideas y propuestas que vamos a contarte en esta plataforma. Pero ante todo tenemos un primer gran consenso que nos unifica: la necesidad de organizarnos colectivamente, de escucharnos, de pensar y dialogar para luchar todos juntos. Porque al mismo tiempo que creemos en nuestras ideas y las defendemos, no lo hacemos en forma cerrada. Porque entendemos la política como una búsqueda, como una construcción colectiva, que incluye definiciones y propuestas claras, pero también preguntas y la exploración de caminos nuevos.

Porque pensamos que una política transformadora no puede ser la repetición de un dogma que se mantenga intacto aunque la realidad cambie. Hay quienes no creemos que esté todo dicho de antemano, no tenemos la verdad revelada ni la estrategia infalible que va a solucionar todos los problemas, desde la crisis mundial hasta nuestro Centro de Estudiantes. Tenemos nuestras ideas y nuestros proyectos, que no son cerrados porque pretenden ser liberadores, pues se hace camino al andar.

Hace bastante tiempo que con todo un sector de la facu empezamos a coincidir en una crítica al actual Centro de Estudiantes y a las lógicas políticas de su conducción. El problema que notábamos era que ese acuerdo latente no llegaba a materializarse en un espacio de unidad que pueda constituirse como una alternativa. Creemos que la conformación de La Juntada es un primer paso en este sentido, y por eso nos llena de expectativas. Estamos convencidos de que con la participación de todos podemos construir algo verdaderamente nuevo y distinto. No como slogan, no sólo de la boca para afuera, ya que necesitamos un cambio en las prácticas, no sólo en el discurso.

Sumate, que juntos podemos cambiar las cosas. Queremos que La Juntada se desarrolle y sea un espacio cada vez más colectivo. Para ser una alternativa de cambio en estas elecciones, pero también más allá de ellas.

¡Que no te la cuenten!

¡Participá y reconstruyamos entre todos nuestra herramienta gremial!

Un Centro CON estudiantes

Desde La Juntada pensamos que la situación del CEFyL ha llegado a un punto en que el Centro de Estudiantes se ha desnaturalizado como tal. La realidad es que muchas veces, cuando pensamos en el centro, se nos viene a la cabeza una fotocopiadora y a lo sumo una asamblea cada tanto (en general con final poco feliz). Por eso, nos animamos a decir que hoy prácticamente no tenemos un Centro de Estudiantes; es decir, una herramienta gremial donde participen activamente y se sientan representados la mayoría de los estudiantes. Falta ese espacio de encuentro, de debate, de participación para el conjunto.
Como en otras oportunidades ha ocurrido, pueden intentar meternos el fantasma de la derecha, de la Franja y de los K. Pero es una mentira oportunista para retener el centro como si fuera un botín. No nos dejemos engañar, la alternativa no es la derecha que no gana hace mucho tiempo; la alternativa es la izquierda independiente. A esta altura no caben las excusas: hace 11 años que la actual conducción del CEFyL (MST), se mantiene ininterrumpidamente en la presidencia (hoy junto al PO, PCR). Por eso a veces nos sorprende un poco cuando sus mismas campañas llaman a la 'participación' y a la 'democratización'. ¿No tendrían que ser un poco más auto-críticos? ¿No consideran que si hace 11 años conducen el Centro y los estudiantes no participan, les cabe por lo menos una cuota de responsabilidad?

El actual modelo de centro está agotado: Un Centro de Estudiantes no puede identificarse totalmente con las agrupaciones que lo ganan en las elecciones. Al contrario, debe ser una herramienta gremial, es decir, un espacio más amplio y superador que las corrientes políticas que eventualmente lo conducen.


Siguiendo esta lógica, la mayor parte de las fuerzas políticas de la facu, incluyendo a la conducción, que quiere perpetuarse en estas elecciones con el Frente Estudiantil de 'Unidad', terminan reduciendo el centro a convocatorias a una asamblea de vez en cuando y a las marchas folklóricas. Es muy importante hacer asambleas y participar de manera consecuente en la lucha por un urgente y necesario aumento de presupuesto. Pero si las asambleas y las marchas no son convocadas con anticipación y objetivos precisos; si no son un lugar donde todos puedan hablar, además de las agrupaciones que se pelean entre sí, entonces nadie puede sorprenderse de que cada vez participen menos estudiantes; o de que quienes participan, muchas veces no vuelven a hacerlo porque no se sienten cómodos ni representados por los debates que se allí se presentan, que en más de una ocasión rozan lo bizarro. Además, la asamblea no puede ser el único espacio de participación en un Centro de Estudiantes. En cambio, deberían existir comisiones abiertas, espacios físicos de recreación, espacios de producción cultural, académica y política, etc. Pero nada de esto ocurre. Así, nadie sabe cuál es la institucionalidad del centro de estudiantes, ni su forma real de funcionamiento; cuáles son sus secretarías, cuándo y de qué forma funciona su Comisión Directiva, etc. De esta manera es lógico que la mayoría de los estudiantes sintamos al Centro como un espacio ajeno a nuestras preocupaciones e intereses.
Digamos basta y construyamos un centro CON estudiantes, verdaderamente participativo y democrático, organizado desde los cursos para poner en pie al movimiento estudiantil.

PROPUESTAS PARA EL CEFyL

UN CENTRO DE ESTUDIANTES
El centro debe ser el gremio de todos los estudiantes y un espacio de organización horizontal y con amplia participación estudiantil, que contribuya al desarrollo y a la organización de la lucha por nuestras reivindicaciones. Que ofrezca múltiples canales y ponga su infraestructura al servicio de convertir la facultad en un gran espacio de producción cultural y política, pensado y protagonizado por los estudiantes. Es fundamental que prioricemos ese espacio por sobre las diferencias que puedan existir entre las agrupaciones.


FUNCIONAMIENTO Y COMISIÓN DIRECTIVA
Proponemos convocar, a dos asambleas cuatrimestrales como mínimo, con tiempo, difundiéndolas masivamente entre los estudiantes, y cuidando de que no coincidan con parciales. Que en ellas discutamos y resolvamos colectivamente las grandes líneas y tareas del Centro. Las resoluciones de la Asamblea deben ser respetadas por la Comisión Directiva.
La Comisión Directiva, que está compuesta por las vocalías obtenidas en las elecciones, debe convocarse públicamente cada 15 días.. Además, debe explicitar un día, horario y espacio físico para que todo estudiante que quiera participar pueda hacerlo. La CD debe resolver cuestiones prácticas y coordinar las tareas definidas por la Asamblea, a fin de permitir el funcionamiento efectivo de las políticas estudiantiles.
Tanto las resoluciones de la Asamblea como de la CD deben ser publicadas por el Centro para conocimiento del conjunto de los estudiantes y la comunidad universitaria.

LUCHA POR PRESUPUESTO
En la actualidad, el Estado no garantiza la educación pública y gratuita. La alimentación y los apuntes son también dos necesidades fundamentales para la formación de todo estudiante. Es necesario continuar y profundizar la lucha por más presupuesto, exigiendo no sólo la triplicación, sino también la democratización de su administración. Debe exigirse que el Estado financie un Comedor Estudiantil y los Apuntes (hay muchas formas de hacerlo, pagando papel y sueldos, aumentando las becas, etc.). La exigencia debe hacerse no solo al gobierno nacional, sino al gobierno de nuestra facultad, la Gestión del actual Decano Hugo Trinchero y el Consejo Directivo.

PUBLICACIONES Y COMEDOR
Actualmente publicaciones y el bar son gestionados por la conducción del CEFyL. Desde nuestro punto de vista, los espacios del Centro de Estudiantes deben trabajarse en conjunto, porque deben regirse con una lógica gremial y no con una lógica mercantil, de servicios.
Creemos que es necesario que la amplia mayoría los puestos de trabajo sean sorteados, en función de la necesidad económica, y que los becarios puedan desempeñarse en todas las tareas requeridas. La administración debe estar integrada por la conducción del centro y compañeros becarios que sean elegidos por sus propios pares.

CONSERVEMOS LA AMISTAD
Es necesario mantener las cuentas claras y para eso debe funcionar una Comisión Revisora de Cuentas que observe la administración de las cajas y socialice la información. De esta forma todos podemos decidir qué hacer con los fondos. Proponemos que de mínima esta comisión esté integrada por un representante de cada agrupación y que se junte una vez por mes de forma abierta, para que el que tenga ganas pueda participar de la reunión.

COMEDOR ESTUDIANTIL
Necesitamos transformar el Bar en un Comedor Estudiantil, contemplando las necesidades de los estudiantes de Filo, almuerzos, meriendas y cenas a precios populares. Para ello debe iniciarse una campaña y una lucha para que la Gestión de la Facultad destine los fondos necesarios.

PUBLICACIONES
Además de los apuntes impresos, el CEFyL debe ofrecer CD's con el material digitalizado, al costo y gratuitos para los becados. También proponemos la creación de una pagina web, mantenida por el CEFyL donde todos podamos bajar e intercambiar apuntes sin costo.
Asimismo, es responsabilidad de todos organizarnos para mejorar la calidad de los materiales y el buen funcionamiento del espacio, de tal forma que los estudiantes puedan comprar sus apuntes más económicos en el Centro y no tengan que recurrir a los espacios privados afuera de la facultad (hoy muchos lo hacen tanto por la baja calidad de las impresiones como por las enormes demoras para obtener un apunte).

PINCHEMOS LA BURBUJA
Muchos de nosotros tenemos participación en espacios por fuera de la facultad (bachilleratos populares, centros culturales, barrios, sindicatos, etc.). Entendemos que estas actividades son tan importantes como la militancia dentro de la facu. Por eso, creemos que el CEFyL debe contemplar y contener estas prácticas, fomentado un espacio de confluencia e intercambio, en el cual se articulen las distintas experiencias. Además, creemos que el CEFyL tiene que generar los canales que hagan de nuestras especialidades un aporte a las luchas cotidianas de los sectores sociales más castigados. Trabajo barrial, en fábricas recuperadas por sus trabajadores, en radios comunitarias, centros culturales, bibliotecas populares y todos los etc. que se te ocurran. Todos esos espacio reciben con gusto los aportes que historiadores, antropólogos, lingüistas, filósofos y todos nosotros podemos sumar. Lo sabemos porque lo hacemos. Queremos que el CEFyL sea una usina productora de cultura y de trabajo para impulsar el cambio social junto a los sectores populares.

ESPACIOS ARTÍSTICOS
Es importante multiplicar e impulsar distintos espacios para la recreación y las actividades artísticas y culturales, donde los estudiantes podamos socializar lo que hacemos: música, teatro, pintura, etc. Conectarnos con Centros Culturales, grupos de teatro de afuera de la facultad, de los que participan muchos estudiantes.


PUBLICACIONES ESCRITAS
Garanticemos publicaciones escritas con periodicidad, donde puedan socializarse producciones de los estudiantes y docentes, reflejarse los debates académicos, las opiniones sobre las cátedras, etc. Un espacio plural en el que puedan expresarse todos los sectores de la comunidad universitaria. La producción escrita será parte de las tareas que nos daremos para hacer del Centro una Usina creadora de materiales políticos, teóricos y culturales.

CONFERENCIAS Y SEMINARIOS
El Centro debería organizar charlas, conferencias y seminarios gratuitos, acerca de diversas temáticas académicas, políticas, etc. Para llevar a cabo esta iniciativa, es fundamental que convoquemos intelectuales y docentes de la facultad, de otras facultades y universidades. A su vez, las conferencias y seminarios, han de conformar verdaderos corpus de formación y reflexión, al calor de los debates.

Algunas reflexiones sobre la lucha educativa

Al iniciarse el segundo cuatrimestre, el ahogo presupuestario se volvía a hacer sentir en la UBA y el gobierno kirchnerista mostraba abiertamente su política de desmantelamiento de la universidad pública. Al paro docente de muchas semanas se le sumaron asambleas estudiantiles y tomas de facultades. La primera toma de la facu fue importante, llena de discusión y de vida. Logramos que en las asambleas circulara la palabra mas allá de las agrupaciones, y también que las comisiones de trabajo tuvieran alguna sistematicidad y no murieran en el primer encuentro. Logramos sumarle a la lucha, además de la solidaridad con los reclamos docentes, nuestras propias reivindicaciones por las condiciones edilicias, las becas, etc. Y fundamentalmente, logramos que el eje de nuestros debates fuera cómo llegar al resto de nuestros compañeros para profundizar la discusión tan pendiente de siempre: qué prácticas políticas y qué tipo de espacios nos van a permitir avanzar en la construcción de un movimiento estudiantil amplio y participativo. Fue durante este proceso, que confluimos los estudiantes no agrupados y las agrupaciones que conformamos La Juntada.
Pero otra vez nos encontramos con los problemas conocidos. En las últimas semanas del conflicto universitario en Filosofía y Letras se expresaron formas de pensar y hacer la política que volvieron a demostrar que solo producen rechazo y atentan contra la participación estudiantil. Otra vez, como en un interminable deja vu, volvimos a presenciar cómo las fuerzas políticas que conducen el centro, pusieron por delante su necesidad de diferenciarse permanentemente entre ellos por sobre el proceso
que nos dábamos los estudiantes en conjunto.
Esto nos retrotrae a un principio de año que nos había recibido con un debate acerca de la situación nacional. Los sectores más concentrados del agro iniciaban un largo lock-out patronal en defensa de sus intereses y su rentabilidad empresaria. El oficialismo, junto con otro sector de capitales concentrados de su lado, nos quería convencer de que había sólo dos posibilidades: o estábamos con el gobierno, o estábamos con la oligarquía. A pesar de que parte de la conducción del Centro de estudiantes entraba en el juego de la falsa dicotomía (MST y PCR fueron con insignias del centro a un cacerolazo en Acoyte y Rivadavia), una gran asamblea en abril ponía en discusión como pocas veces la situación del país y era muy clara en su definición: Contra el Lock-Out patronal y contra el Gobierno nacional. Las corrientes que apoyaron al campo presentaron una gran contradicción cuando se posicionaron en contra de gravar la hiper-rentabilidad del empresariado agrario, y acto seguido exigieron al Estado más presupuesto para la educación pública.
Pero lo más sorprende, es que quienes eran conducción del CEFyL y tuvieron una posición ambigua en un principio, como el PO (que en una misma semana sostuvo tres posiciones distintas, y en la primera de ellas habló de 'pueblada'), meses más tarde se 'enteraron' de que estaban rodeados de sojeros y metieron el debate por la ventana, en función de su disputa facciosa y sectaria al interior del Centro. Por eso, en este segundo cuatrimestre, cuando fue la hora de salir a luchar por la universidad pública, en lugar de fortalecer el crecimiento del debate y la participación, la izquierda sectaria (PO, PTS y otros) empezó su férrea disputa por las declaraciones (que ya habían sido votadas a principio de año): pusieron por delante la pelea por la definición sobre la situación nacional en pleno conflicto universitario, cuando lo más importante, lo que estaba unificando el trabajo y la energía de muchísimos estudiantes, eran las reivindicaciones educativas. Los estudiantes y agrupaciones que conformamos La Juntada consideramos importante la definición política en contra del lock out agrario, y al mismo tiempo contra el gobierno nacional. Pero creemos que los debates tienen su momento y lugar, y no deben utilizarse en forma mezquina y oportunista.
Las fuerzas que conducen nuestro centro de estudiantes han demostrado una y otra vez que entienden la política desde la producción en serie de consignas, excluyendo la reflexión. Utilizan las asambleas y los espacios estudiantiles para dirimir sus luchas políticas particulares, y no en beneficio de todos. Se especializan en evitar el crecimiento de experiencias políticas genuinas que no implican un rédito político para la acumulación de sus propias organizaciones. Cada vez que esto ocurre, lo que se está debatiendo en realidad es si creemos que el movimiento estudiantil puede jugar un papel en las luchas sociales o si, por el contrario, pensamos que sólo puede apoyar con 'pronunciamientos' la política que se resuelve en otro lado. Por el contrario, nosotros estamos convencidos de que el movimiento estudiantil tiene un papel que jugar en cualquier proceso de lucha social, y para eso tiene que poder apropiarse no sólo de los debates políticos generales, sino también llenarse de contenido propio y reconstruirse como tal.

LO PROFANO ESTÁ EN NOSOTROS

Muchos de nosotros nos identificamos con una serie de prácticas alternativas de producción de conocimiento (grupos de estudio, talleres, bachilleratos populares, etcétera), así como también con los debates que se vienen dando en algunas carreras, en cuanto a los planes de estudio. Dichas prácticas se dan frente a la lógica dominante que tiene como fin del estudio y de la producción los logros personales hacia el interior de la corporación. Así, se transforma al conocimiento en títulos, acreditaciones, puntos, elementos individuales en la competencia por los pocos espacios dentro de la universidad. Espacios a los cuales, muchas veces, sólo se termina accediendo por contactos o asignados clientelarmente.

Por otra parte, en las mismas prácticas que mencionamos, hemos visto las limitaciones que implica el bajo nivel de organización de un movimiento estudiantil que dispute en la correlación de fuerzas de las distintas carreras, que sea un actor decisivo a la hora de definir los lineamientos programáticos de las mismas. Esto, creemos, responde a dos cuestiones, aunque no se reduce a ellas. Por un lado, a la desarticulación en que nos encontramos como movimiento, más allá de los momentos coyunturales de movilización. Y, por otro lado, a una cuestión igual de profunda, igual de relevante para pensar nuestras prácticas: las formas en que está estructurada la producción del conocimiento en la universidad.

La universidad, como maquinaria reproductora de las ideologías dominantes, supone un entramado de poderes, de formas de gobierno, de sujetos y formas de concebir al conocimiento, pero también es un terreno de disputa, donde debemos intervenir y dar batalla. Al estar la universidad inmersa en el sistema de dominación actual, las formas de organizar la producción del conocimiento tienen un correlato con dicho sistema. Es así que nos encontramos, por ejemplo, con una clara división entre los que ejecutan (estudiantes que rendimos exámenes, absorbemos y escupimos bibliografía muchas veces pasivamente) y aquellos que componen una partitura: la del conocimiento académicamente legitimado (jefes de cátedra, directores de carrera, etcétera). Esta división, entre los estudiantes –sujetos rendidores de exámenes- y los elaboradores del contenido intelectual que los estudiantes reproducimos –que debemos reproducir para seguir siendo tales-, implica que hay quienes mandan (estudiar, escribir monografías con consignas previamente pautadas) y quienes rinden (cuentas, exámenes, etcétera). Así, si queremos seguir “en carrera”, nuestra tarea se ve reducida a rendir exámenes.

Esta división del trabajo, tiene un correlato específico también en una concepción extendida, en la cual la Universidad produce conocimiento, frente a La Sociedad, que lo recibe (de a acuerdo a lo que las clases dominantes consideren que la sociedad –léase el mercado- necesita para su reproducción). Nosotros entendemos que es necesario quebrar esta doble lógica: por un lado, reivindicamos las formas alternativas de producción de conocimiento, en las que colectivamente se decide y se investiga, pero por el otro, renegamos la denigración a la que los “gendarmes de la ciencia” someten a las experiencias populares, cuando no establecen vínculos prácticos con las mismas (crítica literaria que se piensa áurea, historiografía que se piensa como relevo ulterior de lo consumado, etc.). Entendemos que en las aulas, al negarse muchas veces la relación con lo que pasa en el aquí y ahora de lo social, está escondiéndose una verdad: las disciplinas toman a la experiencia de la sociedad, convirtiéndola en objetos de estudio fragmentarios, de manera tal que nosotros, estudiantes, nos formamos como observadores de objetos que en verdad están vivos. ¡La fragmentación disciplinaria es el lado oscuro de la calle!… Y cuando esto es silenciado en las aulas, es cuando en la mayoría de las carreras no se habla de epistemología, materia que es fundamental para indagar qué concepciones del conocimiento y de lo real tiene las disciplinas. La “Teoría del Loco lindo”, del investigador que vuela por las nubes de las teorías, por el mundo de las ideas, es el discurso dominante en una facultad que produce intelectuales sin rumbo.

Queremos algo más que obedecer o indignarnos. El carácter antidemocrático de la universidad, además de expresarse en la Asamblea Universitaria, se expresa en cada aula, en los institutos de investigación, en las cátedras.

Esto no quiere decir que decidamos tener una actitud marginal frente a lo dado: por lo contrario, asumimos el compromiso, con todas las contradicciones que conlleva, de ir a las Juntas de Carrera, con nuestras propuestas, pero siempre con una visión crítica, entendiendo que las Juntas tienen serias limitaciones a la hora de la desigualdad representativa. En las Juntas es posible discutir y presentar proyectos que tensionen las formas en que se decide el destino de las carreras. Y así como somos críticos de esta universidad, también entendemos que es sobre su existencia, tal como está dada, que motorizaremos los cambios que son posibles y necesarios. Debemos apropiarnos de los espacios en las carreras, para darles otras potencialidades, ya sea impulsando jornadas de trabajo interclaustros sobre los planes de estudio, promoviendo instancias que impliquen prácticas distintas a las tradicionales (por ejemplo, promoviendo las evaluaciones colectivas, las cátedras alternativas, etc.), y sobre todo impulsando la participación de nosotros: los estudiantes. Para construir desde ahora los cambios que prefiguren la sociedad y la universidad por venir, no se trata de esperar revoluciones que cambiarán todo por sí mismas, de un haz. Los mecanismos “estructurales” con que se gobierna la producción de conocimiento no tienen que inmovilizarlos, sino potenciarnos a comenzar nuestra apuesta de un cambio desde ahora.

Por supuesto, es un largo sendero que debemos construir colectivamente de a pequeños pasos en el día a día, en el cuestionamiento del porqué, el para qué y el cómo estudiamos. La reforma de los planes de estudio nos abre la posibilidad de poder no sólo profundizar estas discusiones, sino también de lograr articular las diferentes instancias alternativas; nos permite reconstruir el sentido social de lo que hacemos. Para ello también creemos necesario transformar de conjunto nuestro propio transcurrir como estudiantes, abandonar la conducta pasiva que sólo reproduce contenidos calentando la silla del aula y asumirnos como sujetos críticos, siendo conscientes de la existencia de estructural de las cátedras que permiten la presencia de programas de conocimiento que distan mucho de la pluralidad, existiendo, a su vez, formas de evaluación enciclopedistas y una estructura de gobierno de la universidad que ve al estudiantado como la plebe ignorante a conformarse con migajas a la hora de tomar decisiones.

Esta universidad no es sagrada, es posible y necesario cambiarla. Vamos por más presupuesto, pero también vamos por una universidad a la que le arranquemos el automatismo, donde los estudiantes nos asumamos como sujetos productores de conocimiento, donde seamos capaces de hacer carne nuestro poder real; en cada cursada, en casa apuesta a la historia por venir. Profanemos las estructuras de cursada y gobierno, debatamos los planes de estudio: gobernémonos.

Otra vuelta de tuerca: apuntes sobre democratización y LES

En los últimos años de la universidad pública nos hemos visto inmersos en una pluralidad de problemáticas. Hoy creemos que el abordaje y desarrollo de ciertos ejes es ineludible. Pensamos que una discusión sobre la universidad debería abordar la cuestión de la democratización en términos de la estructuración formal del cogobierno y su desmesurada desigualdad de representación. Así también, entendemos la democratización vinculada al reclamo de aumento presupuestario, dada la necesidad de pensar formas de distribuirlo que permitan una llegada real y concreta como lo exige una educación verdaderamente pública, gratuita y de ingreso irrestricto. En esta misma dirección reivindicamos la pluralidad de enfoques en la producción del conocimiento, cuestionando seria y constantemente la estructura feudal de la cátedra. Ampliamos el concepto de democratización a diversas esferas porque creemos que nuestra tarea es repensarlo y discutirlo en su totalidad, tomando en cuenta que siempre deberemos dar todos los debates y luchas que sean necesarios en este complejo camino.
Otro eje que consideramos fundamental repensar y problematizar es la autonomía universitaria. Largos debates nos debemos aún acerca de qué significa la autonomía hoy. Pero no podemos dejar de mirar con mucha atención las reformulaciones y los planteos acerca de la universidad que están empezando a circular desde el actual gobierno sobre la universidad pública y sus supuestos nuevos desafíos: las llamadas 'demandas de la sociedad'. Nos animamos a decir que la pelea contra la ideología neoliberal en esta etapa se da, entre otras cosas, alrededor de lo que ellos denominan la “pertinencia de la universidad” respecto de las 'necesidades sociales'.
Durante la década del noventa enfrentábamos la política educativa del gobierno nacional (fundamentalmente el menemismo, después la alianza) teniendo como base un análisis de las leyes - federal de educación y de educación superior -, es decir que para conocer la política, leíamos el articulado. A su vez poníamos en evidencia las carnales similitudes entre el discurso del gobierno nacional y las recomendaciones del banco mundial. Ambos atacaban sin disimulo a la educación pública, en particular la gratuidad y la autonomía de la universidad. No veíamos todavía que la regulación jurídica, los articulados, eran el resultado de una regulación ideológica que ya había sido exitosa -antes de las leyes- en imponer su visión sobre la educación.
Pero si este análisis, aunque ingenuo, era útil en los noventa, hoy ya no lo parece tanto. Contrariamente a lo que ocurría en ese momento, el gobierno actual intenta ubicarse no sólo como opositor a esa política educativa, sino también como quien viene a remediar sus males. Intenta despegarse retóricamente de los organismos internacionales que conformaban el 'enemigo fácil' en los noventa. Sin embargo, podemos advertir que el gobierno nacional sostiene y actúa en el sentido de la misma ideología neoliberal que caracterizó a las políticas educativas de los noventa. Se mantienen muchos de los pilares ideológicos que la configuraban, y cuando afirmamos esto no nos referimos únicamente a la privatización y al financiamiento mixto de la universidad. Conceptos tales como la pertinencia, la adaptación al contexto, la rendición de cuentas, los mecanismos externos de evaluación y acreditación, etc, son muestras de ello. Si en los noventa la 'adaptación al contexto' se leía en clave empresarial, hoy se lee en clave de “pertinencia”.
Encontramos que ante la perspectiva de la sanción de una nueva ley de educación superior, tenemos una disputa cultural e ideológica que dar. Tenemos por delante un arduo debate sobre qué universidad queremos. El cómo, va a poder ser dicho recién cuando atravesemos un debate masivo y profundo acerca de la democratización de todos los ámbitos de la universidad. El para qué va a poder ser dicho cuando nos metamos de lleno en un debate acerca de qué significa autonomía, para disputar con la moda de la 'pertinencia social', como nuevo mecanismo de control.
Transformar la universidad nos exige poner en pie a un movimiento estudiantil que pueda avanzar en la difícil tarea de repensar su papel. En la difícil tarea de sostener niveles de debate que hace mucho no nos damos. Sabemos además, que esa transformación no es posible sin un cambio en la sociedad toda. Democratizar la institución no esta separado de democratizar las relaciones en el aula. Revolucionar la universidad es, inevitablemente, revolucionar nuestro lugar en y por fuera de ella: vayamos a hacerlo.

Plataforma de ANTROPOLOGÍA


Dando la disputa en todos los espacios

Como en todos los años pares, este año nos toca elegir a quienes van a ser los representantes del claustro estudiantil en la Junta departamental de antropología. Es importante que esta situación nos lleve a pensar sobre las distintas problemáticas que atraviesan a la antropología como espacio académico y político en la producción del conocimiento. Generalmente vista como un espacio divorciado de la vida cotidiana de los estudiantes, la Junta Departamental no deja de ser uno de los lugares claves en la definición del trayecto que elegimos transitar. Como órgano de gobierno colegiado, la Junta Departamental de antropología, encuentra serias limitaciones a la hora de pensarse como estructura democrática para la toma de decisiones.

La falta de democracia de los órganos de gobierno de la universidad es un problema que lejos está de resolverse y nos implica no sólo como antropólogos sino como estudiantes en general y como sujetos políticos. Esta situación lleva, además, a agudizar este divorcio del que hablábamos, que se refleja en una actitud apática y en cierto escepticismo a la hora de recurrir a La Junta como espacio de disputa y debate político.

No se trata de lamentarnos por lo poco que se puede hacer, sino de profundizar las dimensiones y la incidencia de nuestro accionar político, agotando todas las instancias en las que seamos capaces de poner en juego una perspectiva transformadora. Esto implica, necesariamente, participar de la junta departamental. ¡Provoquemos grietas!

Este cuatrimestre la vida política del mundillo antropológico observó la irrupción de una novedad que poco tiene de nuevo. La reapertura de los debates sobre la necesidad de reformar un plan de estudios, cuyas limitaciones padecemos hace más de 20 años, deja de ser una idea vaga para transformarse en el punto neurálgico de los debates políticos contemporáneos. La reminiscencia más próxima nos retrae al año 2005. Muchos de los que estamos pensando y trabajando por la reforma de este plan nos vimos involucrados en aquel año en similares debates con pocos resultados prácticos. No esperamos plasmar en este pequeño documento el resultado de esta experiencia, pero sí resaltar la importancia que le estamos dando a la hora de pensar el nuevo plan al camino recorrido por todos los que nos antecedieron. La idea que guía nuestra participación y –creemos- la de todos los compañeros con quienes nos hemos estado reuniendo sábado tras sábado, es que necesitamos darnos el tiempo y el espacio para avanzar, no sólo en los debates filosóficos y epistemológicos que flotan en lo alto, sino en la generación de nuestros propios consensos y en la posibilidad de plasmar el laburo en una propuesta colectiva y plural de cara a las jornadas interclaustros convocadas desde el departamento.

Otro aspecto que no llama la atención al trazar paralelismos es el estrecho vínculo que existió en ambas oportunidades con la lucha por más presupuesto para la educación. Es que a la hora de pensar el rol de las ciencias sociales, nos debemos remitir a la valorización que el Estado y los gobiernos nos reservan.

¡No somos ciegos! Es evidente que las tensiones y contradicciones que hacen a la reproducción antidemocrática de feudos profesorales, monopolio de recursos, becas y rentas, así como la problemática presupuestaria, son parte de un marco político y económico del sistema social que toma como rehén a nuestras aspiraciones de cambio. Pero no podemos esperar a la revolución para empezar a motorizar y prefigurar los cambios del mundo futuro que soñamos y por el que luchamos (leerlo con tonada de líder revolucionario latinoamericano le mete onda).

Todo esto que decimos está vinculado a como concebimos la práctica política y la acción colectiva. Lejos estamos de querer proponerte la verdad revelada o la solución a todos los problemas de nuestras vidas. No existe una verdad o un mecanismo infalible, una receta para convertirnos en garantes de cambio. Nuestra forma de pensar la política nos exige que aspiremos al desarrollo de instancias plurales de debate y de toma de decisiones, para que la práctica política desarrollada en los espacios institucionales no sea acción de individuos sino de sujetos colectivos. Esto no es posible sin una apertura de nuestros espacios como estudiantes y una mayor circulación de la información. ¡Que no te la cuenten!

Proponemos:

-Boletín público de la Junta Departamental (electrónico si nos chicanean con el presupuesto) que incluya: resoluciones y posturas de mayorías y minorías de los tres claustros.

-Reunión abierta y periódica del claustro estudiantil para que las políticas desarrolladas por los representantes sean producto de la deliberación colectiva.

-Creación de una publicación académica garantizada por el departamento que permita la difusión de trabajos realizados por los estudiantes.

-Apertura inmediata de una comisión interclaustros democrática para organizar el X CAAS en nuestra facultad, de cara a 2011, que asegure la participación de los estudiantes en la toma de decisiones para desarrollar esta instancia formativa pública y gratuita.

-Apertura de una comisión para efectuar una revisión de la bibliografía de las materias y garantizar que se cumpla nuestro derecho a acceder a la bibliografía en castellano y que todas las materias publiquen en el Cefyl.

-Promover la organización de charlas, talleres y comisiones que hagan aportes teóricos y prácticos a nuestra formación profesional.

Además, creemos necesario articular todas las instancias posibles para desarrollar la lucha por:

-Democratización de la Junta departamental: mayor representación estudiantil, claustro único docente y que la junta tenga carácter resolutivo.

-Reforma integral del Plan de Estudios (fortalecimiento del grado y del enfoque metodológico, prácticas de investigación y extensión, nuevas metodologías de evaluación)

-Apertura de Cátedras paralelas.

-Sostener el derecho a la pluralidad ideológica y metodológica.

-Derecho a la tesis colectiva.

La Juntada en la Junta

¿ahora qué? ¿por qué? ¿para qué?

Desde los estudiantes de antropo y arqueo que formamos parte de La Juntada creemos que este año tenemos una oportunidad de empezar a pensar un cambio en lo que ocurre en la Junta Departamental de Antropología. No se trata de ofrecer verdades absolutas, recetas mágicas o estrategias infalibles. Mucho menos de buscar entre nuestros compañeros al enemigo interno (inexistente) o denostar a aquellos que piensan y construyen distinto a nosotros. La importancia de debatir, pensar o elegir radica en sopesar distintas perspectivas y proyectos a la hora de concebir la política, la acción colectiva y al sujeto de un cambio, así como las posibles implicancias prácticas de las propuestas sugeridas.

Para empezar a pensar esto, no está demás conocer el terreno en que nos movemos. Esto significa remarcar el carácter antidemocrático de la junta de nuestra carrera, que dicho sea de paso, es de carácter consultivo; las decisiones, en última instancia, son tomadas en el Consejo Directivo de la Facultad. La distribución de las representaciones adolecen, al igual que todas la estructuras de cogobierno universitario, de una sub-representación estudiantil (Profesores: 4 representantes, Graduados: 3, Estudiantes 3), de un desdoblamiento de la planta docente en dos claustros y del hecho de que en el claustro de profesores sólo es posible la participación una pequeña porción de las elites profesorales”.

Este panorama se ve agravado en la coyuntura actual por el monopolio de las representaciones de profesores y graduados por parte del bloque que dirige el decano Trinchero; por dos motivos: uno vinculado a la intención y al proyecto político de este bloque y otro de carácter institucional-estructural. Ambos se implican mutuamente.

¿Lo qué? Sería imposible hacer un análisis exhaustivo de una institución tan compleja como la UBA en un papel que pretende ser corto. Basta con que observemos el carácter casi feudal con que son distribuidos los cargos, rentas, becas y proyectos de investigación (escasos, además, por la falta de presupuesto –aunque no sólo- y de concursos o por la ilegitimidad de gran parte de ellos) y como este requiere del despliegue de una complejísima red de lealtades, relaciones asimétricas, de poder y dependencia, que coartan muchas posibilidades de pensar siquiera en un cambio que afecte dicho monopolio de poder político hacia el interior de la institución y de la disciplina.

Por otra parte, y no debe ser una novedad para muchos de nosotros, quienes hoy representan a esta mayoría en la junta han desarrollado fuertes vínculos con el gobierno nacional y son garantes del proyecto que el kirchnerismo se reserva para la Universidad Pública en general y las Ciencias Sociales en particular. ¿Qué significa esto en los hechos prácticos? La voluntad política del decano y su gente no está orientada a trabajar junto a los estudiantes y docentes para exigir a quien corresponde (el gobierno nacional, obviamente) el aumento del presupuesto y de los salarios, así como la priorización de la educación pública por sobre los intereses de los monopolios empresariales y los organismos internacionales. Por el contrario, este grupo pretende ajustarse al ahogo presupuestario y mantener un estado de equilibrio en la caja de la facultad. Recortar cargos, evitar la proliferación de cátedras paralelas, aumentar la generación de recursos propios y privados y, ¿por qué no? acortar planes de estudio y trasladar contenidos a los posgrados. Ya te imaginarás como le viene de bien todo esto, de paso, para mantener control hegemónico en los espacios de poder mediante las lealtades institucionalizadas. Además está la platita de los recursos propios y fondos privados mejor no hablar de ciertas cosas.

Pero volvamos a nosotros, los estudiantes. ¿Qué papel podemos jugar si ya se repartieron las cartas y ni para mentir un envido tenemos? Tratando de no caer en cumplir un rol meramente testimonial, podemos adoptar el camino de la acción colectiva y la presión. Pero la presión sobre un cubo de hormigón armado (bastante bien armado) no debe hacer demasiado en la superficie, ¡menos en la estructura! Sobre todo cuando somos pocos o estamos demasiado recelosos de cuidar que el de al lado, el o la compañera, no me venga a joder con que quiere las miguitas de la torta que, mal repartidas y todo, aunque sea me tocaron.

Es por esto y mucho más, que nos parece importante que nuestro papel en la junta juegue en varios sentidos. Primero que nada, estaría piola que ayudemos a que la información circule entre nuestros compañeros regularmente. Que las posturas y los debates que intervienen en la toma de decisiones sean de público conocimiento para que dejemos de lado la partida de ajedrez entre burócratas y la junta esté obligada a funcionar de cara a la comunidad a la que debería responder.

Siguiendo con este espíritu, esto debería obligarnos a generar las instancias de debate y decisión para que los representantes estudiantiles y los estudiantes en general podamos intervenir como un sujeto colectivo. Estas instancias ayudarían bastante si tuvieran una regularidad y dinámica de laburo por consenso que trascienda las asambleas que generalmente son cuando ya estamos al horno con algo o cuando a alguna de las fuerza les/nos sirve (guarda que a lo mejor nos devuelven la guita del CAAS justito antes de las elecciones. O mejor, durante, si es ¡así los votamos, de cabeza!).

En tercer lugar, nos parece más que urgente trabajar para construir lazos con los graduados que no están hasta las manos con la gestión (son bastantes más de los que creemos) para articular políticas, debates y acciones conjuntas, ¿no te parece? Ya sabemos que es difícil y que están más atados que nosotros al sistema, pero empezar a cambiar las reglas del juego depende de todos nosotros.

Por último, pero no por eso menos importante, suponemos que, si bien son pocas y muy limitadas las iniciativas que se puedan lograr desde la junta, todas ellas apuntan a generar las grietas necesarias en ese bloque de hormigón al que nos hemos mal acostumbrado. Pero para que todo esto suceda es necesario que lo hagamos juntos, que se escuche la pluralidad de nuestras voces en la Junta de Antropo. ¡Que no te la cuenten!

En Busca del Asado (¿o la arqueología solo se contenta con los huesos?)

En serio... nadie puede creerse que la orientación arqueológica en Antropología ha establecido un mecanismo maquiavélico, que impide el despegue de la misma como generadora de la historia de los vencidos. Sería ingenuo creer que no existen formas más efectivas e inmediatas que hielen el caldo de cultivo de las luchas (Siempre va a estar asechando el palo antes que el alzheimer). Ahá. Buceemos entonces sobre los aspectos que de todos modos restan a la hora de conformarnos como agentes de cambio (cualquiera que este sea).

En primer lugar, no tenemos una base epistemológica en general y teórica en particular. Solo discutimos sobre cómo se conforma nuestro objeto de estudio en una materia de quinto año que, a pesar de ponerle pilas, no llega a cubrir los baches que dejan las preguntas básicas: qué, cómo y por qué. En consecuencia, nos da lo mismo que los autores leídos en el transcurso de la carrera conciban la realidad como un sistema o como un texto, pues la lógica subyacente, la cual validaría sus conclusiones, nunca se nos presenta para ser discutida. A veces tenemos ligeras sospechas: ¡hay gato encerrado!… pero ¿¡quién lo encerró!?

Por lo anterior, no sorprende que en primer lugar no se le dedique más que una carilla a la Teoría en las tesis de licenciatura y que nos resulten inútiles las materias del tronco común, pues en definitiva basamos nuestras investigaciones en postulados mayormente nacidos de la ecología y la biología. Indudablemente, esto se ve consolidado con la ausencia de materias como Epistemología, Teoría Sociológica, Teoría Antropológica Contemporánea o incluso metodología para antropología social en nuestra orientación. Por lo tanto, el profundo sentimiento de independencia dentro de la carrera, entre los miembros de esta rama, no es casual.

Una posible consecuencia de esta falta de reflexión, es el mínimo número de instancias en las cuales podemos pensar sobre el impacto de nuestro rol dentro de la sociedad mayor. Asimismo, cómo se ve influenciada nuestra interpretación por corrientes de pensamiento políticas o económicas y, por último, cuáles son las herramientas arqueológicas que pueden ser utilizados por el resto de los científicos sociales que trabajan en sociedades contemporáneas (en definitiva, poseedoras de un pasado).

Indudablemente, las instancias de trabajo interdisciplinario (con sociólogos y antropólogos) podrían minimizar esta situación. De igual modo, los proyectos de investigación no dejan de estar diseñados por arqueólogos que decidirán si incluir o no a las comunidades locales como sujetos a ser interpelados. Por lo tanto, si bien se contempla a estas en la práxis de algunos grupos de investigación, su número podría verse reducido en el futuro si se cercena nuestra formación como antropólogos (y por ende, críticos de nuestra realidad actual).

De igual modo, el espacio de la Arqueología histórica sigue quedando postergado, a pesar de ser uno de los campos que más ha crecido en los últimos años. La carrera no puede quitarse ese lastre que la dejó atada a la Prehistoria (lo problemático del término no siquiera es necesario abordarlo acá), siendo escasas las instancias donde se tratan problemáticas urbanas o que se imbrican en la materialidad de procesos sociales contemporáneos. Entonces, desde que cursamos HTA tenemos las herramientas críticas para desnaturalizar esa división del trabajo decimonónica, pero luego lo vemos reproducido en nuestra cursada…

Seguramente, lo aquí señalado es tan fragmentario como el Registro Arqueológico, debemos estar dejando fuera prioridades que no están siendo atendidas. Por ello, nos gustaría escuchar tu opinión (sí, a vos, el estudiante de arqueología que ya no se banca que lo tilden de despolitizado y conformista). La carrera tiene un potencial que está siendo desperdiciado, está en nuestra generación decidir si quedarnos con las migajas (léase los huesos, las lascas y los platos pato). Discutamos y armemos propuestas en estas Jornadas y también empecemos a disputar otros espacios: indudablemente, la facu no nos va a dar todo.

10 claves para entender las discusiones sobre el Nuevo Plan de Estudios de Antropología

Este resumen (algo pretencioso) fue pensado para los distraídos, los descreídos (con razón) o los que no pudieron asistir a las reuniones de discusión y quieren participar de las próximas Jornadas interclaustros. Pero no nos gustaría dejar de mencionar que las mismas fueron planteadas desde Graduados y Profesoras para que se discutiera solo un día sobre un esquema redactado por una comisión ad hoc. Dado que nada demasiado plural puede salir de una propuesta edificada mediante 3 personas y un montón de figuras fantasmagóricas, los estudiantes fuimos por más: esta comisión sólo debía proponer una estructura de debate, no una propuesta cerrada.

En este clima enrarecido tiramos algunas puntas para tener en cuenta…

  1. Garantizar los puestos de trabajo de los actuales docentes: Es el punto de partida. Lo cual no debe ponernos orejeras: no es cuestión de maquillar el actual plan abriendo paraguas. Una reestructuración profunda traería revuelo si consideramos que muchos docentes deberían dictar contenidos nuevos dentro de su repertorio y demás está decir que se debería llamar a concurso para abrir otras cátedras… la torta se dividiría en más porciones y con ella el poder político. ¿El Trincherismo la aceptaría?

  1. Mayor flexibilidad en la carrera: Se planteó tener 6 materias como tronco común. Pero ¿de dónde salió este número mágico? ¿Acaso aseguraría que la actual gestión se siga guardando el derecho de admisión gracias a la continuación de sus cargos? Luego se completaría con materias obligatorias y optativas para social y arqueo y habría una serie de sugerencias según la orientación elegida. Tantas libertades no vienen solas, tendríamos un Tutor que nos guiaría el camino… pero, quién sería este tutor, ¿un profesor nombrado con renta, un profesor por nombrar a ser rentado o un estudiante avanzado o recién graduado con ganas de seguir laburando gratis? Esta última es la opción que vienen barajando los docentes/graduados. Muchos estudiantes de arqueología ven problemáticas las materias del tronco común porque no incluyen contenidos arqueológicos. ¿Esto se resolvería asegurando la inclusión de abordajes arqueológicos o separando más aún orientaciones que tienen tanto para decirse reduciendo las materias en común?

  1. Terminalidades: ¿de qué me recibo? Sabemos que todos terminaríamos siendo antropólogos con “orientación en” o como profesores de Media y Terciarios. Bien, sabemos que en la actualidad hay un terreno extenso, el de la Gestión en políticas públicas o recursos culturales y, en el cual, se están insertando laboralmente egresados de esta casa de estudio sin haber cursado algo más que un seminario para ejercer dichos cargos. Una posibilidad que se planteó este año es que pudiéramos formarnos tanto como investigadores como mediadores e interventores (o todo lo que entre dentro de este saco). De esta manera tendríamos cátedras especialmente dedicadas a la formación de funcionarios a desenvolverse en el ámbito público y privado. En el caso de la docencia, esta actualmente cuenta con dos materias anuales. Una de las propuestas que andan flotando (comentada por la actual Jefa de Cátedra de Didáctica especial) es reforzarla con otras. Por ejemplo, se habló de la necesidad de una materia histórica de Latinoamérica dado que Historia es una asignatura que en el nivel medio requiere de una profundización con la que actualmente no contamos.

  1. Un eje metodológico-epistemológico:

a) Hay un consenso sobre su importancia y su presencia en el plan futuro, pero su carácter aún es fruto de discusión. Por ejemplo, entre los estudiantes entendemos la necesidad de una materia como Epistemología al comienzo de la carrera, pero ha esta le debería suceder una segunda instancia que contemple a las teorías antropológicas y arqueológicas en clave epistemológica. Ahora bien, ¿debería haber una metodología compartida entre ambas orientaciones para luego dar lugar a los métodos y técnicas correspondientes a la antropología social y a la arqueología?

b) Desde graduados la propuesta ha sido dedicar un cuatrimestre a lo epistemológico. Luego se tendría una primera materia donde se trabajaría EL problema de investigación. Esto vendría a resolver un punto problemático en nuestro plan, pues actualmente se llega al Seminario Anual de Investigación en el último año sin tener instancias previas para pensar sobre qué se quiere investigar. Ahora bien, ¿es útil dedicarle un cuatrimestre entero a la creación del problema a resolver en la tesis si aún no se tuvieron materias de contenido o de técnicas de recuperación de información? Además de resultar problemático que te “cases con una temática” recién en tus primeras materias. A esto se suma que en la “metodología II y III” te dedicarías a diseñar tu proyecto (sin tener una instancia para explorar sobre metodologías alternativas…). Este panorama nos llevó a los estudiantes, a plantear no solo una epistemología troncal y plural sino una metodología que permitiera también continuar las formas de investigar según el posicionamiento que se tiene frente al objeto/sujeto de estudio.

c) No poseemos una Metodología de la Investigación Histórica. El trabajo con fuentes, escritas, gráficas (fundamental en la arqueología) no es abordado en ninguna materia, quedando relegado a un seminario. ¿De qué manera se incluiría en el plan actual?

  1. El eje Histórico: ¿Es suficiente Historia Social General? La potencialidad de nuestras construcciones dependen en gran medida de su anclaje con la realidad. Es por eso que resulta fundamental entender las dinámicas sociales de acuerdo a sus circunstancias históricas como así los contextos de producción de los investigadores que nos precedieron. Falencia que es por demás obvia en nuestro plan actual. ¿Cuántas Historias? ¿Son suficientes las que nos ofrece Filo? ¡A discutir!

  1. La “salida al campo”: No garantizada por el Plan actual. Los estudiantes tenemos dos opciones: o auto financiar nuestra investigación o insertarnos en un equipo de investigación. ¿Contemplará El Nuevo Plan partidas presupuestarias para que exista una articulación real entre los equipos de investigación subsidiados y la formación de grado? Una opción es efectivizar el cumplimiento de “créditos” que oficialicen la enseñanza paralela a la que debemos recurrir si nos queremos tomar en serio la carrera (cumpliendo horas de trabajo en laboratorios o desgrabando). La misma, si bien es actualmente efectiva, se nos presenta como aleatoria y a veces, por demás errante.

  1. El tronco común: Las sistemáticas: ¿sigue siendo útil la división? y a su vez, ¿es pertinente hablar de orientaciones en Sistemática I, cuando se relegan contenidos sobre arqueología para plasmar el programa de una cátedra? Obviamente es un aspecto a debatir y ha no cerrarse, porque en primera instancia debemos hablar de contenidos mínimos y no cómo estos van a ser compartimentados en materias específicas. Quizá un cambio radical no sea necesario pero sí hacer hincapié durante la cursada en el interjuego entre las tres áreas de análisis.

  1. El tronco común: Historias de la Teoría antropológica (¿y arqueológica?): Al menos en el claustro estudiantil reconocimos la necesidad de incluir las teorías surgidas en los procesos de descolonización iniciados en los `60 como también la necesaria contextualización de cada escuela surgida en la metrópolis. Es decir, dar lugar a las producciones propias del tercer mundo como su influencia en el pensamiento antropológico contemporáneo.

  1. Cátedras Paralelas: cri, cri… bola de estambre en un paisaje árido… árido.

  1. ¿Antropología y Arqueología para qué? El vínculo entre el antropólogo/arqueólogo y la comunidad no solo puede devenir en un enriquecimiento de las comunidades locales donde se trabaja (que muchas veces requieren de elementos simbólicos para conformar una historia que los distinga y los una). Sino también para el investigador que por lo general, pierde la dimensión de su trabajo y no repara en su deuda con la sociedad y que es justamente ese compromiso el que debe dictar sus pasos. Crear conocimiento en abstracto, no solo es inocente, sino imposible. En nuestra facultad contamos con grupos de estudiantes que se juntan a pensar sobre la manera de hacer llegar el conocimiento producido a la realidad cotidiana. Evidentemente, el plan actual no repara en esta articulación. Posiblemente el actual proceso de reestructuración sea nuestra única instancia de redireccionar nuestras potencialidades, dándonos un lugar para aprender a difundir lo que hacemos y a trabajar por la recuperación de la identidad de aquellos que nos encuentran en la “salida al campo”.

Plataforma de LETRAS


Salgamos del lado oscuro (versión editorial)

La carrera de Letras no es una sola. Si la miramos con atención, en sus materias, en sus estudiantes, en sus debates, en sus ausencias, y tanto más en sus presencias, vemos que es un eterno intento de muchas cosas que no termina de lograr. Estamos condenados a estar perdidos, a ver a qué materia nos lleva el viento, y a hacer de cuenta que tenemos la libertad de elegir, en cada tramo, absolutamente todo nuestro destino. Lo que nos queda de esa aventura es una dispersa cultura general que nos sirve para todo un poco. Los estudiantes de Letras somos los mejores para hablar sobre aquello que nunca terminamos de saber del todo, los mejores para escribir monografías en las que aparentamos hacer teoría literaria, recuperar teorías lingüísticas, basarnos en teorías sociales: pero nosotros sabemos que no hacemos pie. Sabemos que no conocemos en profundidad nada de aquello de lo que hablamos. Nuestra carrera nos forma, por lo pronto, para ser valientes, y animarnos a decir que sabemos sobre todo, porque, total, tenemos las herramientas para aprenderlo cuando sea necesario. Salimos profesores de lengua y literatura sin formación en contenidos básicos, investigadores sin epistemología ni formación en teoría social alguna, escupidores de talleres sin formación en recursos de escritura, y la lista podría seguir eternamente. En definitiva, la carrera de Letras forma excelentes autodidactas. De eso hablaremos en esta plataforma.

¿Qué tiene que ver la junta de carrera con esos problemas? Todo y Nada. Es decir, que participar en la junta de carrera no significa transformar esa realidad. Pero también es cierto que está en nuestras manos ocupar todos los espacios que sean necesarios para que la carrera de Letras se llene de vida y empiece a preguntarse por ella misma. La Juntada es un espacio en el que confluimos estudiantes independientes y cuatro agrupaciones: Colectivo de Izquierda, Plan B, Prisma y Un solo grito. Es un espacio abierto y participativo que intenta poner a andar otra forma de pensar la política en la facultad. Estamos convencidos de que la única forma de transformar sustancialmente nuestra carrera es que hagamos de ella un debate colectivo. Son poco conocidas las experiencias de reflexión y producción en torno a los problemas de nuestra carrera que son amplias y verdaderamente democráticas. Quienes participan de la junta de carrera deberían asumir la responsabilidad de movilizar esos debates tanto hacia la junta como hacia los estudiantes. Pero eso no está desvinculado de pensar las otras carreras, de apropiarnos de la discusión integral sobre qué conocimiento se produce en nuestra facultad, y cómo. Apropiarnos, también, de los espacios de reflexión y lucha por el presupuesto, por la democratización; temas que atañen a nuestra carrera y a la universidad pública toda. Somos muchos los que hacemos y accionamos en este sentido desde hace mucho tiempo, pero ya es hora de disputar de una vez por todas una reforma del plan de estudios de Letras. Antes y después de las elecciones, te invitamos a acompañarnos en este proceso que recién empieza.

Lo profano está en nosotros (versión remixada)

Muchos de nosotros, nos identificamos con una serie de prácticas alternativas de producción de conocimiento (grupos de estudio, talleres, bachilleratos populares, etcétera), así como también con los debates que se vienen dando en algunas carreras, en cuanto a los planes de estudio. Dichas prácticas, se dan frente a la lógica dominante, que tiene como fin del estudio y de la producción, los logros personales hacia el interior de la corporación. Así, se transforma al conocimiento en títulos, acreditaciones, puntos, elementos individuales en la competencia por los pocos espacios dentro de la universidad. Espacios a los cuales, muchas veces sólo se termina accediendo por contactos o asignados clientelarmente.

La universidad, como maquinaria reproductora de las ideologías dominantes, supone un entramado de poderes, de formas de gobierno asimétricas, de sujetos y formas de concebir al conocimiento, pero también es un terreno de disputa, donde debemos intervenir y dar la batalla. Al estar la universidad inmersa en el sistema de dominación actual, las formas de organizar la producción del conocimiento tienen un correlato con dicho sistema. Es así, que nos encontramos, por ejemplo, con una clara división entre los que ejecutan (estudiantes que rendimos exámenes, absorbemos y escupimos bibliografía muchas veces pasivamente) y aquellos que componen una partitura: la del conocimiento académicamente legitimado (jefes de cátedra, directores de carrera, etcétera). Así, si queremos seguir “en carrera”, nuestra tarea se ve reducida a rendir exámenes.

Entendemos que en las aulas, al negarse muchas veces la relación con lo que pasa en el aquí y ahora de lo social, está escondiéndose una verdad: las disciplinas toman a la experiencia de la sociedad, convirtiéndola en objetos de estudio fragmentarios, de manera tal que nosotros, estudiantes, nos formamos como observadores de objetos que en verdad están vivos. ¡La fragmentación disciplinaria es el lado oscuro de la calle! …Y cuando esto es silenciado en las aulas, es cuando en la mayoría de las carreras no se habla de epistemología, materia que sería fundamental para indagar qué concepciones del conocimiento y de lo real tiene las disciplinas. La “Teoría del Loco lindo”, del investigador que vuela por las nubes de las teorías, por el mundo de las ideas, es el discurso dominante en una facultad que produce intelectuales sin rumbo.

Esto no quiere decir que decidamos tener una actitud marginal frente a lo dado: por lo contrario, asumimos el compromiso, con todas las contradicciones que conlleva, de ir a la Juntas de Carrera, con nuestras propuestas, pero siempre con una visión crítica, entendiendo que las Juntas tienen serias limitaciones, a la hora de la desigualdad representativa. En las Juntas es posible discutir y presentar proyectos que tensionen las formas en que se decide el destino de las carreras. Y así como somos críticos de esta universidad, también entendemos que es sobre su existencia, tal como está dada, que motorizaremos los cambios que son posibles y necesarios. Debemos apropiarnos de los espacios en las carreras, para darles otras potencialidades, ya sea impulsando jornadas de trabajo interclaustros sobre los planes de estudio, promoviendo instancias que impliquen prácticas distintas a las tradicionales (por ejemplo, promoviendo las evaluaciones colectivas, las cátedras alternativas, etc.), y sobre todo impulsando la participación de nosotros, los estudiantes. Para construir desde ahora los cambios que prefiguren la sociedad y la universidad por venir, no se trata de esperar revoluciones que cambiarán todo por sí mismas, de un haz. Los mecanismos “estructurales” con que se gobierna la producción de conocimiento no tienen que inmovilizarlos, sino potenciarnos a comenzar nuestra apuesta de un cambio desde ahora. Para ello también creemos necesario transformar de conjunto nuestro propio transcurrir como estudiantes, abandonar la conducta pasiva que sólo reproduce contenidos calentando la silla del aula, asumirnos como sujetos críticos.

Esta universidad no es sagrada, es posible y necesario cambiarla. Vamos por más presupuesto, pero también vamos por una universidad a la que le arranquemos el automatismo, donde los estudiantes nos asumamos como sujetos productores de conocimiento, donde seamos capaces de hacer carne nuestro poder real; en cada cursada, en casa apuesta a la historia por venir. Profanemos las estructuras de cursada y gobierno, debatamos los planes de estudio: gobernémonos.

Creemos que todas estas problemáticas sobre las que venimos reflexionando son propias de nuestra facultad y sin embargo y a su vez creemos que la carrera de Letras necesita también de un espacio-tiempo para ser pensada en su particularidad como parte constituida por este todo del cual forma parte y al mismo tiempo performatiza con sus especificidades. Ahí vamos.

Plan de estudios (versión demodé)

A primera vista, Letras se nos presenta como una carrera mensurable. Su estructura-contenido expresada discursiva y materialmente en el Plan de estudios de 1984 la objetiva en el complejo entramado de la institución UBA y esto, digámoslo así, tranquiliza nuestras conciencias académicas. Es decir que sabemos que ese papel está ahí y que si es así, por algo será, alguna función seguro que cumple. Esta es la parte “feliz”: siempre tenemos una hoja que documenta, que confirma la inclusión de los estudios literarios-lingüísticos en el seno del campo académico. Esto es lo bueno. Letras es. Tiene entidad. Existe. Hay, además del soporte celuloso, un edificio; hay estudiantes que cursan la carrera y hay profesores que la dictan.

Ahora bien, las cosas no terminan aquí. Si se tratara únicamente de la confección de coherentes y cohesionadas textualidades ya tendríamos todo resuelto. Ahí tenemos, desde hace más de un siglo, un libro titulado El capital que desbarata las trampas del patrón y no alcanza ni con su tangibilidad ni con su lectura. La experiencia, la práctica, es la que confirma o refuta la teoría, para ir reformulándola y generar cambios reales en la praxis. Si pensamos en la carrera de Letras, basta con cursar un tiempito para notar que ese papel (Plan de estudios) es testarudo, necio. Le han pasado por arriba los tiempos y en la sucesividad de los tiempos se realizan las experiencias: están diciéndole que NO hace rato.

Como sostienen los chicos/as que escribieron El boletín del plan de estudios de Letras, “un ambiguo concepto de democracia funciona como fundamento de nuestro plan (...) la falta de progresión en la estructura estimula la desintegración de las redes sociales estudiantiles”. Es que el democratismo (eso que subyace y hace al plan en su especificidad pero nunca se explicita) es el producto de coordenadas históricas definidas, el fin de la dictadura y la vuelta de la democracia. En este sentido, aquello que aparecía, dicho mal y pronto, como una necesidad histórica, un plan democrático, en el que cada uno pudiera elegir qué materias abordar o no, qué orientación seguir o no seguir, demuestra en el presente y sobre todo en la experiencia (el papel, recordemos, se mantiene impoluto) que es una estructura que reproduce al interior de la carrera la fragmentación del conocimiento, que lleva a la existencia de sub-carreras dentro de la misma carrera, y tiene su más alarmante correlato en la desintegración de las redes sociales estudiantiles antes citadas. Las preguntas que surgen son casi intuitivas, ¿existe algún punto unificador entre el egresado de Clásicas y el egresado que se especializa en Literatura Norteamericana? ¿El de lingüística con el de Latinoamericana? ¿Y entre el que egresó en 1999 y el que egresó en el 2007, más allá de la orientación? Encontramos que en la práctica el concepto de orientación desplaza su contenido semántico de modo radicalmente reversivo, y pasa a constituirse en uno de los principales factores de desorientación vigente. Extravío que se expresa en distintos niveles. No sabemos qué es la carrera de Letras, no sabemos para qué nos estamos formando y para colmo los caminos democráticos (que son muy difícil de andarlos) nos disgregan al punto de no conocernos ni los rostros. Si queda alguna duda respecto de esto, basta con visitar el tercer piso y enterarse de que una cosa es el departamento de Letras y otra cosa el de Clásicas. Formas espaciales, visibles, ladrilleriles también, por qué no, de la permanente disgregación del conocimiento y los tejidos sociales. De este modo, sólo por dar un ejemplo, las problemáticas de Clásicas no incumben al estudiante de Lingüística y viceversa. Este es el lado más oscuro de la luna: la fragmentación del saber como correlato (claro que no la única) de la carencia de un movimiento estudiantil organizado.

Lejos de reaccionar contra la diversidad de sujetos, experiencias, contenidos y formas de abordar el conocimiento, nuestra tarea quizás consista en pensar mecanismos que cohesionen, sin borrar las especialidades, la práctica académica, darle un cauce al río embravecido de la fragmentación. En este sentido vemos como indispensable una reforma del Plan de Estudios, no sólo pensada desde el agregado o quita de materias sino como uno de los puntos de partida posibles para la búsqueda de nuevas formas de pensar los lazos sociales y la organización, no ya solamente del estudiante de Letras o el movimiento estudiantil, sino de todo el conjunto de la Universidad. Romper con ésta lógica del Plan de Estudios (sospechamos que similar a los planes de otras carreras) significa plantear un programa alternativo que reformule contenidos, que destierre el abordaje del texto por el texto mismo, que busque la implementación de materias realmente introductorias, una mejor sistematización de las correlatividades, espacios de intercambio entre las distintas áreas, metodologías de investigación, talleres de redacción, desarticular la naturalización de las jerarquías claustrale, etc..

Una ojeada retrospectiva no es una mirada estrábica

Pero por sobre todas las cosas, es necesario realizar una ojeada retrospectiva y analizar el devenir de la Universidad en los tiempos, sus movimientos a través de la historia argentina: ni la reforma del 18, ni la Noche de los Bastones Largos, ni las cátedras nacionales de 1973, ni el plan de estudios del 84, ni la caída de la Franja Morada constituyeron hechos inmotivados o procesos internos escindidos de la vida política nacional. No hay adentro y afuera. La reforma del Plan de Estudios, en un sentido amplio, es asunto que le toca a la comunidad universitaria, sin dudas, incluidos los estudiantes, sujeto objetivamente mayoritario. Sin embargo, esta necesaria ojeada retrospectiva nos demuestra que nuestras fuerzas deben avocarse a discutir la anacronía del Plan de Estudios desde los espacios existentes, actuales (por ejemplo, el taller de investigación del Plan de Estudios, las asambleas interclaustros, la discusión en las aulas, los más diversos grupos de estudio, seminarios colectivos, el Encuentro de Estudiantes de Letras, etc.) pero también involucrándolos en la lucha social en cualquiera de sus formas.

¿Qué hicimos?

Encuentros abiertos de debate y reflexión sobre el Plan de Estudios con docentes y graduados de la carrera/Jornada de debate intercarreras sobre los Planes de Estudio de las distintas disciplinas (impulsadas desde la Secretaría de Producción del Conocimiento junto a estudiantes independientes)/Boletines de carrera/Boletines Lo artesanal, de la Secretaría de Arte y Política, que difunde producciones poéticas de estudiantes así como entrevistas y notas sobre problemáticas culturales y literarias/Encuentros sobre Literatura Andina con el escritor boliviano Néstor Taboada Terán/Ciclos de lectura de poesía contemporánea en la facultad, con poetas docentes de Filo como con escritores que no pertenecen a la academia (Susana Cella, Ariel Schettini, Leonor Silvestri, Walter Cassara, etcétera)/Encuentro de formación político-cultural sobre el pensamiento de Antonio Gramsci, a cargo de Daniel Campione/Feria y entrevista abierta con editoriales alternativas. Eloísa Cartonera, El Andariego, Siesta, Tamarisco entre otras.

¿Qué hacer?

  • boletín publico de la junta (informe de reunión de la junta, situación de las cátedras, cargos, etc.)
  • reuniones periódicas y pautadas del claustro estudiantil, para que los estudiantes nos apropiemos de los debates de nuestra carrera y tengamos un espacio para plantear problemáticas y propuestas.
  • talleres de técnicas de escritura dictados por docentes de la carrera.
  • Iniciar una discusión sistemática, institucional y planificada acerca del plan de estudios.
  • impulsar jornadas de debate interclaustros, sobre la carrera y sobre problemáticas teóricas, culturales y políticas.
  • Impulsar desde la junta la organización de eventos, seminarios y charlas con personalidades que puedan ser un aporte a nuestra disciplina
  • armado de una publicación académica con producciones de docentes y estudiantes.