miércoles, 18 de noviembre de 2009

¡OTRA VEZ SOPA! (¿La vamos a seguir chupando?)

Hace apenas semanas el Consejo Superior de la UBA, con el voto favorable de Trinchero, decidió convocar a la Asamblea Universitaria para el 14 de diciembre. El único objetivo que tiene esta medida es reelegir a Hallú antes que algún poroto se salga del tarro. Para que dicha instancia pueda constituirse es necesario que se renueven autoridades, entre ellas los decanos de todas las facultades. Por eso existió de parte de todos los decanos, alineados a esta maniobra a nivel UBA, la voluntad de realizar cuanto antes sus respectivas sucesiones. Desde La Juntada planteamos convertir la sesión extraordinaria para la reelección de Trinchero en un hecho político; en el cual la voz de miles de estudiantes se hiciera presente mediante un pliego de reivindicaciones propio del claustro, discutido tanto en los cursos como en el plenario abierto; y además donde se hiciera de manifiesto el repudio al adelantamiento de la Asamblea Universitaria mediante la movilización tanto al Consejo Directivo.

No nos oponemos a dicho adelantamiento por folklore, sino porque consideramos que desde el 2006 a esta parte existen demasiadas deudas pendientes, entre ellas el incumplimiento de la promesa de reforma de los estatutos (acuerdo por el cual los  “4 decanos progres” aceptaron la candidatura de Hallú y la forma nefasta de su asunción). No está de más está aclarar que lo único que se reformo de los estatutos fue totalmente regresivo, se eliminó el artículo 71 el cual garantizaba en el papel el compromiso de la UBA en procurar alojamiento, comida y atención médica a los estudiantes. Lo que demuestra, en lo particular, la tendencia general que impulsan a nivel general los sectores privatistas: seguir avanzando sobre los aspectos más progresivos que todavía conserva la Universidad Pública. A ello se suma que es ilegítimo la realización de un hecho político importantísimo, como es la elección de rector de nuestra universidad, en un período en el que no hay clases, lo cual deja ver aún más la nula vocación de discusión colectiva de proyectos de universidad que tienen los sectores que hoy nos gobiernan.

Y es que desde nuestra óptica (y como lo venimos diciendo hace rato por los cursos) la elección del decano en particular y la del rector de forma más general implican no solamente distintos nombres y sectores disputándose el gobierno de la facultad o de toda la UBA, sino que debajo de eso, y lo que deberíamos poner en discusión en circunstancias como ésta además de hacerlo todo el año, se encuentra una disputa por el modelo de universidad que queremos. Entonces la lupa debe estar puesta en el debate sobre cuál es la situación que atraviesa la UBA hoy (o en el caso de la elección de decano, la situación de la facultad), cuál es la situación de cursada de miles de estudiantes, que sucede con la producción de conocimiento, qué se produce, para quién... para discutir con más herramientas cuál es el proyecto de universidad que queremos y necesitamos.

Creemos que este adelantamiento podría haberse evitado si hubiese un vínculo real entre el único Consejero Superior que tiene la izquierda y el conjunto del movimiento estudiantil. De esta forma podríamos haber anticipado la maniobra movilizándonos al Consejo Superior para impedirlo, así nos encontraríamos en una situación más favorable. Pero ya frente al hecho consumado nos toca salir a las apuradas a construir el proceso entre todos (con la dificultad para encontrarnos y debatir en esta etapa del año) un proceso con un objetivo inmediato claro: frenar el adelantamiento de la Asamblea Universitaria, pero con muchos objetivos a largo plazo que no se agotan nunca: qué rol que queremos jugar los estudiantes en la construcción de una Universidad distinta; esto implica, por un lado, pensar desde lo más cotidiano ¿Por qué la UBA no tiene comedores estudiantiles? hasta lo más abstracto ¿Queremos seguir reproduciendo una concepción de educación bancaria y profesionalista, presa de su articulación con proyecto político de exclusión de los anhelos de las grandes mayorías? Es necesario que de la mano de estás preguntas empecemos a construir los caminos para alcanzar nuestros horizontes.

Pensando en ese sentido decidimos empezar a transformar la idea de “representación”, con una iniciativa que fue ir a los cursos a debatir sobre la elección de decano y el rol que queremos cumplir los estudiantes en ese hecho. Este proceso culminó con la convocatoria a un plenario abierto a todos los estudiantes de la facultad para discutir estos ejes entre todos, poder conformar un pliego de reivindicaciones propio de los estudiantes y definir puntualmente qué hacer con la elección de decano. Vale destacar que nuestra convocatoria al debate con los consejeros directivos fue un hecho inédito en la vida política de nuestra facultad (y de muchas otras también!) porque pese a las muchas declaraciones rimbombantes, en la práctica lo que sucede es que los estudiantes de Filo estamos más acostumbrados a que nos convoquen a movilizar, a luchar, luchar y luchar; una invitación a un luchismo constante sin una reflexión política colectiva.

Como diría Freire “quien reflexiona sobre su lucha, lucha mejor”, por nuestra parte intentamos cotidianamente llevar esto a los hechos, siendo conscientes que nos queda mucho por reflexionar y también por conquistar mediante la lucha y la organización. Nuestra certeza es que para ello necesitamos transformar desde abajo todo una concepción de la política. Es por eso que queremos cortar con los vicios de los discursos grandilocuentes con poca incidencia en la trasformación de la realidad: pretendemos construir verdaderos procesos políticos con legitimidad entre los estudiantes con el objetivo de poder acumular fuerza para la reconstrucción y organización de un movimiento estudiantil, crítico, participativo, comprometido con sus propias demandas y con real capacidad de incidencia en la transformación de la sociedad en la que vivimos.
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Desde La Juntada entendemos a la Asamblea Universitaria del 14 de diciembre como ilegítima por querer ser hecha a espaldas de la comunidad académica en su conjunto para así evitar el debate y la movilización en pos de transformar nuestra universidad.

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